Sin bachillerato, en edad activa y lejos de los dormitorios: Un estudio revela detalles sobre la población que vive en la calle

Si bien este es un problema histórico que se ha agravado con los años y las sucesivas crisis, Nadie sabe exactamente cuántas personas viven en las calles en Argentina. No saber cuántos hay es tampoco saber todo lo demás: dónde están, qué necesitan o cuáles son sus dolencias. ¿Cómo entonces lograrlos de manera efectiva?

Un reciente estudio realizado por expertos de la Universidad de Buenos Aires y el Conicet, al que LA NACION tuvo acceso exclusivo, brinda algunas pistas precisas. Se centra en quienes lo han perdido todo en la ciudad de Buenos Aires, la jurisdicción del país con la mayor concentración de personas en situación de calle.

El estudio así lo demuestra, por ejemplo Casi la mitad (45%) dice que no tiene hogar por primera vez en su vida; que el 83% dice no confiar en la principal política social que les ofrece el gobierno porteño -las posadas- y que el 20% dice estar en esta situación desde hace un año o menos.

La investigación se basa en una encuesta estadística realizada el año pasado por un equipo de economistas, psicólogos, trabajadores sociales y estudiantes de la Universidad de Buenos Aires. Todos ellos realizaron un rastreo zonal por calles principales y zonas aledañas a parques e iglesias de los distintos barrios y comunas de la ciudad de Buenos Aires. La muestra se creó a partir de entrevistar a 342 personas sin hogar que fueron contactadas durante esta búsqueda. Cabe recordar que la última cifra oficial del gobierno porteño data de este año y registra 2.611 personas sin hogar, un 50% más que 2019 cuando contabilizó 1.733.

“Esto no es un censo. Aunque no salimos a contar si hay más o menos gente Examinamos problemas relacionados con la precaria situación de vida de estas personas en términos de ingresos, salud o trabajo. Analizamos el impacto que esta situación tiene en su salud y también la percepción que tienen en relación a la asistencia social”, explica el economista Martín Grandes, uno de los autores del trabajo.

Para la profesional, también codirectora del Observatorio de Innovación Social de la Facultad de Economía de la UBA, es necesario cambiar la perspectiva social sobre este tema. “Algunas personas creen que las personas sin hogar o en riesgo de quedarse sin hogar se ofrecen como voluntarias son uno de los rostros más extremos de la pobreza estructural en el país. Nadie quiere estar en la calle, también quiere volver con su familia, si es que la tiene, para tener un trabajo o recuperarse de la salud. Queda la pregunta de qué estamos haciendo para lograrlo”, se pregunta Grandes.

Entre los principales resultados del trabajo podemos mencionar:

    Casi la mitad (45%) dice que no tiene hogar por primera vez en su vida.
Casi la mitad (45%) dice que no tiene hogar por primera vez en su vida.Hernán Zenteno – LA NACION

“Estar sin hogar no se trata solo de problemas económicos. Es una población frágil, creada por problemas dolorosos, fracturas, violencia y en ocasiones adicciones, expresó hace unos días María Migliore, ministra de Desarrollo Humano y Hábitat de Buenos Aires ante un pedido de LA NACION. “Para nosotros es importante que la gente esté dispuesta a venir a nuestros centros porque ahí van a tener todo el apoyo para reconstruir su proyecto de vida”, agregó la funcionaria. Según el organismo que gestiona Migliore, el 60% del total de personas que se encuentran actualmente en la calle acceden a alojarse en estos espacios.

Teniendo en cuenta que los datos sobre los que se basa la papel son de 2021, ¿cómo podría haber afectado los resultados el contexto socioeconómico de los últimos 12 meses? “Está claro que la profundización de la pandemia ha agudizado el panorama. Muchas personas informaron quedarse sin hogar después de perder sus trabajos y la capacidad de pagar un techo sobre sus cabezas. Pero también mencionaron el agravamiento de situaciones familiares, producto del encierro”, analiza Grandes, quien, un año después del estudio, se anima a plantear una hipótesis alarmante.

“En este contexto de crisis socioeconómica, si miramos el aumento de la canasta de alimentos básicos y que la fuente de empleo de muchas personas es informal, Es muy probable que algunos números hayan aumentado al día”, admite el experto, quien se describe a sí mismo como un “estudiante de inclusión financiera y social y otros temas de pobreza”.

En 2018, recuerda, empezó a tratar específicamente la problemática de las personas sin hogar. Por tanto, el escepticismo es admisible a la hora de analizar la forma en que la política pública lo está abordando. “Aquí no se trata de contar personas y ofrecerles dispositivos más adecuados. Debemos abordar la pobreza extrema. No es suficiente con la manta. Necesitas ayudarlos a sanar, educarse y reconectarse con sus familias”, recomienda.

En cualquier caso, según el estudio, la percepción que la gran mayoría de la población sin hogar tiene hacia la red de restauración es negativa. “Los datos muestran que el 75,8% de los encuestados estaban al aire libre, el 9,1% en casas alquiladas, el 7% en casas prestadas, el 6,5% en hoteles, etc. un ínfimo porcentaje en los centros asignados por el gobierno porteño. Nos preguntamos a qué se debe el rechazo: el 85% de las personas respondieron que no acuden a ellos por situaciones de violencia, robos, la similitud con una “cárcel” en su autopercepción y el “consumo de drogas” registrado en el trabajo.

Las peculiaridades de esta población se suman a las dificultades de la política. Por ejemplo, de todos los encuestados El 25% afirma que a veces vive en la calle. “Una hipótesis es que la pandemia puede haber aumentado aún más la vulnerabilidad de estas personas en extrema pobreza por la pérdida de ingresos de sus trabajos precarios, su estado de salud y/o el aumento de los problemas familiares”, se lee en el análisis de los datos que hace la autora Liliana. Colauti, Lucía Madelaire y Nadia del Castillo lo son.

“La salud mental se deteriora mucho cuando vives en la calle. Pero es muy probable que la pérdida del trabajo, de la vivienda o, en su caso, de la ruptura de los lazos familiares también impacte, y mucho”, añade Grandes. Y concluye con una reflexión: “Si te caes en la calle, se puede caer mucha gente. Sin una red familiar y sin trabajo, es muy difícil evitar el choque”.

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Esta historia es parte de un Proyecto de la Fundación LA NACIÓN que trata de visibilizar la vulnerabilidad en la que se encuentran las personas espera en la carreteraResaltar la necesidad de fortalecer las políticas públicas para servir a esta comunidad y liderar a los ciudadanos tratando de conectar con las personas en esta situación.

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